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Ni un rayo de sol! Oh Oh Oh

A lo largo de la historia las mujeres de todas las culturas civilizadas han tratado de protegerse del sol. ¿Qué prendas vestían las mujeres cuando no se exponían al sol?

Broncearse, lucir una tez tostada conseguida a base de horas de exposición solar forma parte de nuestras costumbres desde hace realmente muy poco. Podríamos decir que responde a una estética del siglo XX. Hasta ese momento la sociedad se escondía del sol y su prioridad era mantener la piel blanca como prueba de estatus. De hecho eran las clases bajas, los campesinos que trabajaban en el campo, los únicos que lucían una tez morena consecuencia de las largas jornadas de trabajo al aire libre.

Durante los siglos IX y X los hombres posaban con el brazo en alto sosteniendo su espada para exhibir su palidez y sus venas transparentándose a través de dicha blancura. ¿Conocéis la expresión “de sangre azul”? Pues de ahí proviene, a más blanco más pureza de sangre.

A lo largo de la historia las mujeres de todas las culturas civilizadas han tratado de protegerse del sol. En la antigüedad hasta se cometieron verdaderas locuras para estar blanca ­–paradójicamente casi las mismas que para estar morena–, en el siglo XVI las mujeres de la nobleza europea utilizaba arsénico para dar a su rostro un aspecto “pálido mortal”.

De forma más reciente y sana el uso cosmético de los polvos de arroz que, además de actuar como barrera natural contra los rayos solares, potenciaban aún más la blancura de su piel. En la cultura nipona la palidez sigue siendo codiciada como parte de su concepto estético, y no olvidemos que son una de las sociedades con los hábitos de vida más saludables del planeta.

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Los Must de la época 

En este recorrido histórico han sido muchas las prendas y complementos de moda que han configurado la historia del traje y cuyo objetivo primero era cubrir el cuerpo y protegerlo del sol. Guantes, sombreros, parasoles, capas y mantillas. Sencillamente lo natural era ir tapadas. Esto debería hacernos pensar hasta qué punto las costumbres y hábitos que atribuimos a convenciones sociales son primeramente puros mecanismos de defensa. En este caso, contra las agresiones del sol.

Los guantes, complemento imprescindible de la moda, con miles de años de antigüedad, a partir de la edad media además de proteger del frío en invierno se utilizaban para proteger las manos de las mujeres ya que una mano curtida por el sol era algo espantoso. Incluso se los dejaban puestos en casa para hacer tareas domésticas o dormían con ellos.

Tanto el sombrero como el parasol nacieron para proporcionar sombra literalmente y han acompañado a todas las clases sociales con todos los diseños y materiales posibles.

El factor climático también se puede apreciar en la mantilla, nuestra prenda más tradicional extendida por toda la península, que perduró más en Sur con tejidos finos. Esta prenda que ahora conocemos para usos como Semana Santa o bodas, era un manto de uso cotidiano con el que la mujer salía a la calle y cubría su cuerpo y cabeza.

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La Tapada, juego de seducción

Hasta mediados del siglo XVII el acto de taparse con la mantilla tenía en cierta medida una vertiente sensual ya que formaba parte de un juego de seducción. Las mujeres cubrían su rostro y su cabeza, permitiéndoles esto hacer cosas impensables a cara descubierta. El rostro velado les otorgaba el poder del anonimato.

Esta costumbre de taparse se le puso fin en 1766. Toda indumentaria que no permitiera identificar al portador –también incluía sombrero de ala ancha o capas para los hombres– , quedaba prohibida y de esta manera se obligó a las mujeres a doblar su mantilla y meterla en el bolsillo al entrar en los lugares públicos.

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La mantilla de Goya

Fue la Duquesa de Alba María del Pilar Teresa Cayetana de Silva la que hacia 1785 recupera la mantilla y la pone de moda reivindicando lo castizo y nacional frente a la moda francesa que venía imponiéndose. La duquesa fue retratada por Goya quien realizó numerosos cuadros de aristócratas ataviadas con la mantilla, instaurándola de nuevo como la prenda de la seducción y el refinamiento.

Tanto es así que existe un género pictórico, el llamado “retrato tipo maja” que describe precisamente a una mujer ataviada con mantilla. Del mismo modo que entre todas las mantillas, cabe diferenciar la “goyesca” definida por el pintor a través de toda su obra de primera etapa.

Años más tarde cayó en desuso y una revuelta de mujeres para protestar y reivindicar el uso de la prenda “la conspiración de las mantillas” las mujeres salieron a la calle ataviadas con su mantilla para protestar por la influencia de la moda francesa.

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Todas estas prendas de la historia de la moda han servido de inspiración para la creación de la capa Zazou®. Una prenda ligera que proporciona sombra a tu cuerpo y al de tus hijos protegiendo las zonas más vulnerables a quemaduras y que te acompaña durante el día. Al ser una prenda susceptible de ponerse y quitarse varias veces al día, se ha diseñado para poderla enrollar y meter en una bolsita que facilite su transporte (al igual que en su época la mantilla se enrollaba y guardaba para acceder a los sitios públicos).

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En pleno siglo XX hasta los años 20 la mujer seguía ocultando partes de su cuerpo en momentos determinados del día. Lo cual reafirma la teoría de que el tapado no responde únicamente a una cuestión de moral. El uso de la mantilla se extendió mucho más al sur, es lógico pensar que soportan más horas de sol y altas temperaturas.¿Cuándo es el punto de inflexión donde la mujer se descubre y deja de desear una piel blanca?. En el próximo post te lo cuento! Si quieres puedes suscribirte a nuestra newsletter y así no te pierdes nada.

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Fotografías: Paseo a orillas del mar, Sorolla 1909. Mujeres con vestidos estilo victoriano en 1909. La playa Atlantic City 1906 ©Shorpy. Retrato de Isabel Porcel con mantilla. Goya 1805. Capa Zazou para mujer. Retrato de mujer Edward Cucuel.